“Bumerán” promete ser un arma peligrosa

El escritor y profesor de escritura creativa, Luis Enrique Vázquez Vélez, acaba de publicar su más reciente libro titulado Bumerán (Isladentro Editores, 2020), un proyecto gestado en un contexto de grandes retos para la industria literaria en Puerto Rico debido a la pandemia por el COVID-19.

Tite, como le decimos cariñosamente, es un gran conversador, y por eso quise adelantarme a hacerle algunas preguntas sobre esta segunda apuesta por la microficción luego de su exitoso libro El pezón y otras anatomías mínimas (EDP University, 2018).

Te comparto un poco de la conversación que, como un bumerán, traté de dirigir hasta el objetivo.

¿Por qué titular este nuevo libro Bumerán?

Excelente pregunta. Por mucho tiempo, estuve buscando un título sugerente y puntual para esta nueva colección de cincuenta y seis microrrelatos. Sin apenas darme cuenta, tejí una suerte de analogía entre un bumerán, un pez betta, el microcuento per se (como género literario) y una obra literaria minimalista como la que presento a los lectores.

Aunque parezca una trivialidad, el título surgió de la escritura misma, de las temáticas variadas, vericuetos y trucos de los textos… unos breves, otros hiperbreves o ultracortos. Según planteo en el Prefacio de Bumerán: «Un microrrelato vive y muere de trucos, de movimientos giratorios e impredecibles y, en ocasiones, puede volver al punto de partida».

En la contraportada del libro, producto del genio creativo del escritor puertorriqueño radicado en San León Umingan, Filipinas, Ricardo A. Vega, este plantea: «El pececillo Bumerán —metáfora que captura la totalidad de la colección— por su agresiva naturaleza, debe ser aislado, “[para]proteger su seguridad y la de otros…” Agradecido quedará el lector al ver nuestro autor, hacer caso omiso a tales recomendaciones». A esto solo puedo añadir: ¡que Dios nos coja confesaos!

¿Cómo fue el proceso creativo?

Te confieso que fue intenso, lúdico, alucinante, y con una satisfacción difícil de apalabrar en unas pocas líneas. Con el tiempo me he propuesto solidificar mi estilo como cultivador de la minificción, para de esta forma pulir una voz propia. Luego de leer el manuscrito de la obra, un buen amigo y colega de letras me escribió un mensaje de correo electrónico. Allí me expuso que quizás «llegue el punto de que se pueda leer un microcuento tuyo, sin sello de autor y decir: uhhh, eso suena a Luis Enrique Tite Vázquez».

En mi caso particular, el proceso creativo de esta obra –de forma consciente e inconsciente– va tomado de la mano con varias de las características fundamentales y definitorias de la microliteratura: la ironía, la paradoja y la intertextualidad. Sobre el recurso de la ironía, que no es sarcasmo, el lector puede referirse a textos como “Aullidos”, “Plusvalía” o “Muela equivocada”, por mencionar solo tres. La idea de esta colección, que no pretende tener un hilo conductor particular ni finales sorpresivos en cada pieza minimalista, es agrupar momentos humanos y experiencias que mantengan al lector entretenido y en estado aprehensivo.

El prefacio de este libro es una joya de texto. ¿Cómo diste con esas ideas?

Agradezco tus palabras, máxime cuando provienen de un escritor y editor de tu calibre. Soy de esos lectores que siempre lee los prólogos de los libros. Pienso y siento que, si los salto, la lectura comprensiva queda trunca. A mi modo de ver las cosas, el Prefacio de mi libro Bumerán es, en sí mismo, una pieza literaria. Mientras lo escribía, me iba planteando la posibilidad de que el lector, además de compartir unos datos de interés sobre el universo de la ficción mínima, me conociera un poco más como escritor y como ser humano. Quien me conoce a fondo, puede verme claramente reflejado en esas palabras. Voy más lejos aún: si algún lector solo se queda con ese único texto, es decir, el Prefacio, estaré más que satisfecho. En cuanto a las ideas del autor a la hora de escribir y reescribir este  segmento, no te podría precisar. A veces las cosas, al igual que las palabras, se van revelando. Ahí radica, quizás, la maravillosa aventura del oficio de crear mediante el poder sin par de las palabras.

Ricardo A. Vega, en la contraportada, añade: «La maravilla comienza en el Prefacio, donde el autor da los elementos para juzgar la calidad de su trabajo. Riesgoso, pues los requisitos que Luis Enrique Vázquez Vélez se impone para juzgar el pedigrí de su obra, son difíciles de lograr».

Algunos tienen la noción de que el microcuento es un cuento en miniatura.

Si algo debe quedar meridianamente claro es esto: un microcuento no se trata de un cuento chiquito. Así lo reconocen y postulan varios estudiosos como el renombrado escritor dominicano, el amigo y hermano Pedro Antonio Valdez. Soy de los escritores que concibe la microficción como una suerte de encuentro entre la poesía en prosa y el cuento breve, que debe disponer de una estructura escueta, producto de la intensidad (más que del tamaño del texto), así como la mayor precisión y concisión narrativa posible. En una pieza de minificción, la historia se cuenta de forma atomizada, desde el rigor escritural. Me parece justo y necesario derrotar la noción manida de que un escritor que cultiva el género, entiéndase un microcuentista, es un aprendiz de creador de cuentos largos. Nada más lejos de la verdad.

Debo añadir que, en una sociedad moderna como la nuestra, donde la prisa del diario vivir dicta la pauta, esta ingeniosa modalidad escritural se ha disparado de manera vertiginosa por el ciberespacio, especialmente en las redes sociales (Facebook y Twitter, por ejemplo). Esto ha creado una generación de escritores y escritoras que, con espacio y tiempo limitado, generan textos de forma concisa, precisa y contundente. Es ahí donde radican las características fundamentales del microcuento.

¿Es el microcuento un género aparte al cuento?

Absolutamente: una cosa es un cuento, y otra cosa es un microcuento; se trata de géneros diferentes. Se trata de un género autónomo, con sus propios manejos y particularidades. En un microcuento se unen las tres partes de la estructura del cuento tradicional: introducción (planteamiento), desarrollo (nudo) y desenlace (clausura), pero de forma concisa, sin artificios de clase alguna.

Un microrrelato es una pieza literaria ficcional, un texto narrativo marcado por la brevedad o la hiperbrevedad que cuenta una historia desprovista de todo argumento innecesario. Es, a su vez, una suerte de nocaut fulminante al mentón, donde el recurso de la elipsis es vital.

En otras palabras, de lo que se trata aquí es de contar con la menor cantidad de palabras posibles. Así las cosas, se escribe desde la economía del lenguaje, haciendo uso de la elipsis sin que esta vaya en desmedro del argumento y rechazando, por así decirlo, ciertos recursos permitidos en el cuento o la novela. La brevedad misma impone las normas de la ficción mínima, pues obliga al escritor a redactar desde la renuncia, no desde la acumulación. Ya lo dijo quien lo dijo: «La brevedad es la aprehensión de la totalidad».

¿Qué te motiva a explorar la microficción?

Te explico. Desde el momento en que me asumí escritor, con todo lo que ello implica, a principios de la década pasada, y aún mucho antes de dar ese salto al vacío que es la escritura creativa, estuve obsesionado con la noción de la brevedad. Quizás mi abuela materna sangermeña, Mami Berta, tuvo mucho que ver con eso. Recuerdo que, en ocasiones, me decía: «Mira, nene, lo bueno, si breve, dos veces bueno», que es similar a la afirmación de que menos, es más. Ciertamente, me motiva el hecho de que se trata del género más reciente, vanguardista, lúdico y posmoderno de la literatura mundial. Esa ingeniosa, sugerente y proteica forma de contar historias, me llamó la atención desde el momento que tuve contacto con textos breves y brevísimos. No se debe pasar por alto que este género tan particular exige un tipo de lector avezado y cómplice, particularmente activo. A mi juicio, su principal enemigo radica en su aparente y engañosa facilidad. En algún lugar leí que una buena pieza de microficción no busca decir menos con unas pocas palabras, sino decir más con esas mismas palabras. Como cultivador y estudioso del género, esa posibilidad me voló la cabeza.

Este libro se ha publicado en tiempos de pandemia. ¿Cuáles han sido los retos principales?

La propuesta de Bumerán llega en uno de los momentos más complicados en la historia de nuestro País y del mundo en general. Unos tiempos críticos atravesados por el dramatismo, lo inmediato, la ironía y la paradoja.

Entiendo que el mayor reto estriba en el mercadeo, venta y distribución del libro. Esto impone, entre otras cosas, un nuevo enfoque o acercamiento en términos de facilitar la adquisición de ejemplares a los lectores. Cabe destacar que la obra no está bajo la sombrilla de una casa editora grande, lo que hace el trabajo más arduo todavía. Un detalle interesante es que la pandemia –y sus efectos– se convirtió en una especie de leitmotif. De hecho, en la colección de microrrelatos de Bumerán, pueden encontrarse varios textos referentes al COVID-19. Otro reto, además de la pandemia, fue que este curita estuvo inmerso en el proceso completar una Maestría en Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. En otras palabras, tuve que sudar la gota gorda para cumplir con ambas exigencias de manera exitosa.

Cuéntame un poco sobre la presentación de la obra que será próximamente. ¿Qué puede
esperar la gente?

La presentación de Bumerán, se realizará –de manera virtual– este sábado 5 de septiembre, a las 11:00 a.m. Así las cosas, la misma podrá ser vista por las plartaformas Zoom y Facebook Live, bajo el auspicio del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y su extraordinario conceptoCOLOQUEO.

Ya han confirmado su participación escritores, editores y gestores literarios y culturales, de la talla de: Pablo L. Crespo Vargas, Sandra Santana, Yarimar Marrero Rodríguez, Fannie Ramos, Bella Martínez, Richard Rivera Cardona, entre otros. Allí conversaremos en torno al libro y la microficción en general. Aquellos amigos y hermanos –conocidos o por conocer– que no han perdido la capacidad de asombro y la posibilidad del juego literario, pueden esperar el festejo del universo sin par de la microliteratura. Y es que lo bueno, si breve, dos veces bueno. ¡Les espero!



Alguien dijo que «nunca antes un bumerán había sido un arma tan peligrosa». ¿Acaso es peligroso un libro?

El que dijo eso por primera vez: «nunca antes un bumerán había sido un arma tan peligrosa», fuiste tú. Entonces, como quien no quiere la cosa, me apropié de esa magnífica frase…

En cuanto a tu pregunta, que ha sido objeto de debate en múltiples ocasiones y en diversas latitudes, me atrevo a asumir esta postura: la lectura puede ser tan amenazante que, en ocasiones, los líderes mundiales han recurrido a censurar y quemar libros. Solo hay que darle una mirada al proceso histórico de la humanidad, a partir de la creación de la imprenta. Hace varios años, me impactó una viñeta de Mafalda en la que su pana fuerte, Felipe, reflexiona y reacciona. El chico argumenta que es una barbaridad que se impriman más billetes que libros. Acto seguido, el personaje de Quino añade que espera que algún día se le brinde más valor a los libros y a la cultura que al dinero. Mafalda, que no se le va una, le pregunta con suspicacia si no son ingenuas sus ideas. Manolito, que sueña con ser un exitoso empresario, le recrimina y le dice a boca de jarro: «Ingenuas no, son peligrosas»… Con eso, te lo digo todo.

Bumerán está a la venta en formato físico a través del autor y en formato digital en Amazon.

Luis Enrique también es el autor de los libros de poesía y narrativa Secretos inconfesos (Lúdika, 2015), Viaje terrestre (Isladentro Editores, 2016) y El pezón y otras anatomías mínimas (EDP University, 2018).


© imágenes: Suministradas

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