Microcuentos para gritar las pandemias

La reconocida escritora puertorriqueña Ana María Fuster Lavín acaba de publicar su más reciente obra literaria titulada La marejada de los muertos y otras pandemias (Ediciones Sangrefría, 2020).

El libro incluye 45 microcuentos que no sobrepasan las 250 palabras, una disciplina que Ana María se impone para mantener la uniformidad.

Justo en medio de la crisis sanitaria que enfrenta el mundo por el COVID-19, este libro se asoma como una serie de pequeñas treguas para no ahogarnos.

Conversé con la autora y, a continuación, les comparto algunas de sus expresiones.

¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

"Este libro se engendró de una forma mucho más orgánica que los anteriores. Este fue inesperado. El encierro repentino, la incertidumbre y el mes de insomnio, mis padres encerrados en un apartamento en Salamanca, leer los intermitentes testimonios de amistades, de las noticias, mi hijo trancado en su habitación con las clases en línea y un sentimiento de si no desuello todo esto que se me atora entre la piel y los pensamientos, exploto. 

Una madrugada escuchando música en la soledad del balcón, sentí que había otra yo con miedo al otro lado del mar. Así fue que en la madrugada escribí el microcuento El amor en los tiempos de la cuarentena, y me di cuenta de que conversaba con otro que tenía guardado en la computadora. Y fui hilando con esos pequeños episodios de soledad, conversando con escritores vivos (Daniel Torres, Pabsi Livmar, Richard Rivera Cardona, José Ovejero, Rafah Acevedo y varios más) y muertos (Cortázar, García Márquez, Pizarnik, entre otros) al otro lado del balcón, con canciones y películas que me han marcado, con noticias, con el dolor del pueblo, el hambre, el desempleo. También historias góticas como esos insomnios que nos hablan, y ya no pude parar de escribir hasta terminarlo".


¿Qué mensaje quieres llevar con el libro, si alguno? ¿Fue un desahogo, un grito, un retrato del horror diario?

"El libro fue un acto de reafirmación: aquí estamos y somos producto de todo, de lo que vemos, hacemos, leemos, imaginamos, de quienes son aplastados y vejados por otros, parejas, vecinos, desconocidos. El libro es un grito —y retrato— de denuncia contra el salvajismo cruel de nuestros gobiernos, el racismo, el machismo, la homofobia y transfobia, un grito contra los abandonos, la marginación, contra las micro y bien macroagresiones. Es también un canto a la libertad, al amor, al amor en sus más hermosas posibilidades, a esas pequeñas cosas que son nuestra esencia más tierna, un triunfo de la solidaridad y la esperanza".


¿Por qué el microcuento como vehículo?

"El microcuento es un género que siempre me ha fascinado, desde cuando leí en la adolescencia aquellos cuentos del Conde Lucanor de la Edad Media y más en la universidad con los de Augusto Monterroso; también me parecen excelentes los de Ana María Shua, Emilio del Carril, Eduardo Galeano y Julio Cortázar, que son tan sorprendentes como líricos.

En fin, el microrrelato o microcuento es un texto breve en prosa, de naturaleza narrativa y ficcional, que empleando un lenguaje preciso y conciso se sirve de la elipsis para contar una historia sorprendente, libre de detalles, descripciones y otros maquillajes ambientales. Los personajes deben revelarse por sus acciones (incluye los pensamientos) más que por sus caracterizaciones, y la condensación temporal es fundamental. La intertextualidad y la ironía son agradecidas en los micros, pero nunca un verdadero texto literario es un mero chiste u ocurrencia, por más breve que sea, pues la calidad literaria (dominio de estructura, del lenguaje y la originalidad) es oficio y no un estornudo de palabras que esperan una risa o un obligado aplauso.

El escritor de la microficción tiene que ser activo y meticuloso, requiere de una gran destreza para seducir, enganchar y provocar en pocas palabras, igualmente estricto es el lector que debe degustar cada imagen, cada truco y convulsionar casi sofocado. Porque los microcuentos nos tienen que jamaquear sin explicar qué ocurrió: el escritor así pasa el batón al lector. El microrrelato, por lo tanto, crea la intensidad suficiente para retar al lector".


¿Qué elementos tomas en cuenta al momento de escribir microcuentos?

"Fíjate, los microcuentos son para mí como el efecto mariposa: un movimiento, un instante, un pensamiento, una situación que alteró todo. Los microcuentos también son una buena pescozá (cachetada, empujón, jamaqueo) para sacarnos de la zona de confort, de la apatía, del autoencierro emocional. El microcuento es una explosión. Buscamos esa detonación, esa respiración boca a boca para revivir.  Los microcuentos pueden ser tragedias episódicas, pero también redenciones y esperanzas".


¿Por qué decidiste que algunos de los microcuentos conversen con la obra de otros colegas? ¿De qué forma se cruzan tus historias y las de ellos?

"Hace poco el escritor José Rabelo dijo que la pandemia no nos robará la literatura. Y es que leer y escribir nos abre a nuevos mundos y nuevas posibilidades. Los libros nos salvan. Creo que no decidí que conversaran, sino que fue un grito y una conversación desde el encierro para no morir de silencio y soledad.

Converso en este libro con textos y contextos, con cuentos y libros que no son microcuentos, pero que juego a ver cómo se ajustarían a este momento, al Puerto Rico actual. Así surgieron dos micros inspirados en cuentos de García Márquez y de Cortázar, otro de la novela Crimen y castigo de Dostoyesvki, otros conversan con Conversaciones con Aurelia de Daniel Torres, los Teoremas turbios de Pabsi Livmar, el Horror real de Alexandra Pagán, con la Crónica de una trastera invencible de Luis Rodríguez Martínez y con Salto al vacío de Richard Rivera Cardona, con micros que publicó Emilio del Carril en su perfil de Facebook durante la pandemia y también con poemas irónico-críticos de Alberto Martínez Márquez en esa red social, y hasta con un sueño que publicó mi compadre y excelente poeta José H. Cáez Romero, por mencionar algunos.

No solo converso con literatura, también con el cine, como La piel que habito de Almodóvar y otras. También hay conversaciones con canciones, por ejemplo, Nothing else matters de Metallica, Children of the sea de Dio (con Black Sabbath) y otras del heavy metal, de música clásica y hasta tangos".


El nuevo horror cotidiano que nos golpea es el COVID-19. ¿Qué otras pandemias abordas en este proyecto?

"El horror cotidiano, en efecto, es uno de los hilos conductores, así los mayores detonantes del libro son el COVID 19, el racismo y el asesinato de George Floyd. Otras “pandemias” sociales del horror que trabajé son los feminicidios y agresiones machistas, la apodorofobia, la homofobia y transfobia. Recordé el asesinato de Alexa, el horror de tanta violencia, el abuso de menores, las injusticias, la soledad y las pesadillas, los abusos del poder, la crueldad y mezquindad gubernamental, incluyendo el negarse a abrir comedores sociales/escolares, el discrimen... Todo eso que vivimos tan fuerte que convierte al mundo gótico en tan solo un momento poético, al menos para mí cuando lo trabajo".


¿Qué sentías durante el proceso creativo de este libro?

"Fue una catarsis.  Lloré mucho en el proceso, como con los basados en la soledad, en el racismo y en el del asesino serial de los micros Vocaciones en la segunda parte del libro; también me reía con algunos que tienen su humor dark. La mayoría son agridulces como la vida misma. Escribo horrores muy fuertes, pero siempre hay ternuras, amor, redenciones y posibilidades. Ahí es que me salvo, ahí es que quiero abrazar fuerte a los lectores. Claro, después del morbo de jamaquearlos para que vean esas realidades y pesadillas incómodas".


Algunos dirían que los escritores somos masoquistas…

"No, no es masoquismo, sino un acto de libertad.  Lo bonito son los espejismos, lo bonito es personal y efímero. Lo bonito son las pequeñas dosis de esa droga que nos mantiene estables. Y escribir, definitivamente, es bonito. Creamos nuevos mundos, vidas, posibilidades; liberamos miedos, también denunciamos, ponemos el dedo en la llaga para que no olvidemos, para ayudar a abrir los ojos y atreverse a luchar. Es más hedonista que masoquista el acto de escribir".


Varios de estos microcuentos tienen ciertos destellos de esperanza o de victoria. ¿Cuán importante es esa reivindicación en tus historias?

"La reivindicación personal y colectiva lo son todo. Cierto, me critican algunos de oscura, macabra, fuerte, amarga o cruel en mis historias y novelas, donde la locura y la muerte son casi personajes, pero es mi estilo para explicar el mundo, mi mundo, sus horrores y liberarlos, luchando y amando. Siempre el amor es el antídoto, el amor al otro, al conocido y al desconocido. Este libro cierra con un canto esperanzador, desde la distopía, disfrazado de una poética ciencia ficción, una esperanza y posibilidad de renacernos en una sociedad más equitativa, solidaria, donde la ternura y la empatía no sea vista como debilidad o ñoñería, sino como un arma de valor auténtico, de coraje y esencia, una victoria de renacer del medioambiente y la humanidad terrícola y universal".

Impresiones de Ediciones Sangrefría

Los editores Luis Rodríguez Martínez, Omar Palermo Torres y Patrick O’Neill están muy contentos de haber publicado este proyecto de Ana María.

“Nos mantenemos fieles a nuestra visión de apoyar la cultura puertorriqueña promoviendo obras literarias de calidad, y Ana María Fuster Lavín, junto con otros escritores, representa de manera excepcional la capacidad creativa del puertorriqueño. Nos llena de mucho orgullo contar con un título de ella en nuestro catálogo editorial", afirman los también escritores. 

El prólogo de la obra estuvo a cargo de Luis Rodríguez Martínez, quien destaca, entre otros aspectos, lo siguiente:

"La marejada de los muertos y otras pandemias se hace ante nuestros ojos como una serie de piezas desordenadas y caóticas que van formando un enorme rompecabezas, en el cual vemos el espejo grotesco de nuestra realidad cotidiana". 


Mientras continúa la promoción de este nuevo libro, la escritora concluye que cada instante de la vida —con sus sueños y pesadillas— es merecedor de sus gritos/letras.


© imágenes de la autora: Ana María Fuster Lavín
© artes del libro: Ediciones Sangrefría

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